Después de múltiples ensayos, conjuros, artimañas y sofisticados ingenios que fracasaron, le bastó un espejo para capturar al fantasma.Pero no se libró de una presencia que habría de acompañarle para siempre. Aunque ya no le daba miedo. Curiosidad, sí. A veces asombro.
Se volvió un hombre responsable. Algunos fugaces minutos de felicidad durante su largo viaje.
Polvo. Un tintero vacío. Una extraña, pequeña botella. Hojas secas.
Fue la herencia de su ambiciosa alquimia.
Schumann - Gesänge der Frühe Op.133 - Pollini (2/2)
Foto: Pahness – Catching Spirits
Foto: Pahness – Catching Spirits


5 comentarios:
qué bonito :D
No entendí nada...Sólo que se encontró en el espejo...Solo.
Un beso.
¡Hola Manuel!
De todas las que te he leído, ésta me parece la de sensibilidad más elegante. Perseguir nuestros fantasmas hasta hacerlos uno con nosotros...
Y el misterio de la herencia... sensacional!
Abrazo,
G.
El heredero de la nada; muy buen título. Como siempre, todo lo que escribes me fascina. Un beso; hasta pronto.
No te lo vas a creer, Roge..., pero Schumann llevaba programado desde agosto. ¿Me lees el pensamiento o es que somos almas gemelas?
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