Como fragmentos de la vida de un hombre joven. Como cromos sueltos de una colección de estados de ánimo. También los del bloque de enfrente y quienes pasan por la acera y se sienten llamados (y entonces miran) les ven. Probablemente el único atractivo personal de esta anodina manzana, ya gastada y, sin embargo, con esperanzas en sus paredes de ladrillo rojo mustio y sus rejas oxidadas, negras.Son casi transparentes. Esos fantasmas vienen del futuro. Quiero decir que son personas que vivirán en este edificio dentro de unos cuantos años. Pero algo en ellos es tan impaciente que de vez en cuando se nos aparece. Son tardes de tormenta. Justo cuando huele a tierra y electricidad. Cuando el agua que sale del grifo da pequeños calambrazos. O lo parece. Cuando nos ponemos nerviosos y todo parece a punto de estallar un poco. Entonces ellos (o él, porque algunos vecinos opinan que se trata del mismo individuo con distinta ropa y con o sin afeitar) empiezan en la escalera metálica su sesión de expresión corporal. Creo que son bastante teatreros. Como alumnos aplicados del Actor’s Studio. Pero que en el fondo se sienten satisfechos. Que sobreactúan para nosotros. O para sí mismos. En el teatro de sus mentes. Ensayando con física pasión tardes de tormenta que vendrán.
Foto: J.K. Potter








2 comentarios:
Un respiro de fantasmal aire fresco antes de continuar este pico de trabajo que no me deja atender mi pasión bloguera.
Por cierto, Manolo, is there anybody out there??
(Vale, no soy Waters. ¿Qué le vamos a hacer?)
Un fuerte abrazo.
fantasmas del futuro... y que encima sobreactúan... interesante la idea.
un gusto pasar
Publicar un comentario en la entrada