viernes 10 de julio de 2009

Alexander Pope - Eterno fulgor de la mente inmaculada

¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha!
Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada.
¡Eterno fulgor de la mente inmaculada!
Cada rezo aceptado, cada antojo vencido.
Foto: Polanoid
Portishead - Eternal Sunshine of the Spotless Mind

jueves 9 de julio de 2009

Jack Kerouac - El espíritu de la materia

Cuanto más te acercas a la auténtica materia, a la piedra y al aire y al fuego y a la madera, el mundo resulta más espiritual. Toda esa gente que se considera materialista a ultranza no sabe nada de eso. Se consideran gente práctica y tienen la cabeza llena de ideas y nociones confusas. Escucha esa ardilla.
Foto: Samfeinsilver - Wapack Hills

miércoles 8 de julio de 2009

El quinto elemento

"En toda belleza hay un elemento de extrañeza que la convierte en romanticismo".
(Walter Pater)

"La belleza es aparición, no apariencia".
(Joaquín Allende)

"La belleza reside en el corazón de quien la observa".
(Albert Einstein)
Conner Reeves - The First Time Ever I Saw Your Face
Foto: Camilla Akrans - Taryn Davidson

martes 7 de julio de 2009

George Orwell - 1984

Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez como para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con él. El vestíbulo olía a legumbres cocidas y esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas.
(...)
Nada era del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo.
(...)
Esta era la más refinada sutileza del sistema: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego hacerse inconsciente para no conocer que se había realizado un acto de autosugestión.
(...)
Afuera, incluso a través de los ventanales cerrados, el mundo parecía frío. Calle abajo se formaban pequeños torbellinos de viento y polvo; los papeles rotos subían en espirales y, aunque el sol lucía y el cielo estaba intensamente azul, nada parecía tener color a no ser los carteles pegados por todas partes. La cara de los bigotes negros miraba desde todas las esquinas que dominaban la circulación. En la casa de enfrente había uno de estos cartelones. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las grandes letras, mientras los sombríos ojos miraban fijamente a los de Winston. En la calle, en línea vertical con aquel, había otro cartel roto por un pico, que flameaba espasmódicamente azotado por el viento, descubriendo y cubriendo alternativamente una sola palabra: INGSOC. A lo lejos, un autogiro pasaba entre los tejados, se quedaba un instante colgado en el aire y luego se lanzaba otra vez en un vuelo curvo. Era de la patrulla de policía encargada de vigilar a la gente a través de los balcones y ventanas. Sin embargo, las patrullas eran lo de menos. Lo que importaba verdaderamente era la Policía del Pensamiento.
Foto: Frisel

lunes 6 de julio de 2009

Ahora cambia la vida

Llega el momento en que hasta a ella le resulta aburrido su diario. Así que mira por la ventana y justo entonces pasa el chico de su vida. Él también se ha quedado paralizado en la acera, más allá del pequeño jardín. Como quien ha sentido en cada célula de su cuerpo el destello que hará que nada vuelva a ser igual.
Foto: Handshakes&heartaches - The Great Escape

domingo 5 de julio de 2009

El arte de descansar

"Sabed alejaros, pues cuando regreséis a vuestro trabajo vuestro juicio será más claro". (Leonardo da Vinci)
"El descanso pertenece al trabajo como los párpados a los ojos". (Rabindranath Tagore)
"El arte del descanso es una parte del arte de trabajar". (John Ernst Steinbeck)
Foto: Patrick Smith - Light at the End of the Pier (Hanalei, Kauai)

sábado 4 de julio de 2009

The Beatles - When I'm Sixty-Four (traducida al español)

Cuando envejezca y pierda mi pelo,
dentro de muchos años,
¿aún me mandarás una tarjeta de San Valentín,
una felicitación de cumpleaños o una botella de vino?

Si he salido hasta las tres menos cuarto,
¿me cerrarás la puerta?
¿Me necesitarás, me alimentarás
cuando tenga 64 años?

Tú también serás más vieja.
Y si dices la palabra adecuada, podría quedarme contigo.

Podría resultar de utilidad arreglando un fusible
cuando se te apaguen las luces.
Tú puedes hacer un suéter junto a la chimenea,
o los domingos por la mañana ir a dar una vuelta.

Arreglando el jardín, quitando las hierbas,
¿quién podría pedir más?
¿Me necesitarás, me alimentarás
cuando tenga 64 años?

Cada verano podremos alquilar una casa de campo en la Isla de Wight,
si no es demasiado cara.
Deberemos ahorrar.
Tus nietos sobre tus rodillas,
Vera, Chuck y Dave.

Mándame una postal, envía unas líneas
con tu punto de vista.
Indica de manera precisa lo que quieres decir,
tuyo sinceramente, echándome a perder.

Dame tu respuesta, rellena un formulario,
mía para siempre,
¿Me necesitarás, me alimentarás
cuando tenga 64 años?
(Traducción Enrique Cabrera)
The Beatles - When I'm Sixty-Four
Foto: Takeabreak - Vintage Postcard Lovers

viernes 3 de julio de 2009

Sabiduría natural

"La naturaleza no hace nada en vano". (Aristóteles)
"Si la naturaleza es nuestra madre, entonces Dios es nuestro padre". (Henry David Thoreau)
"La conciencia es el fundamento de todo y, por consiguiente, la verdadera naturaleza de toda forma de vida, incluidas la inconsciente y la inerte". (Sri Ananda)
Foto: Ecstaticist - British Columbia, Canadá

jueves 2 de julio de 2009

¡Que viene el Luisma con el perro de Roge!

Desde luego... La última vez que se me ocurre invitaros al apartamento en Torrevieja que gané concursando en el "Un, dos, tres...". Siempre dando la nota, oye. En plena crisis turística y a vosotros no se os ocurre nada mejor que gastarles bromitas pesadas a los guiris. Vamos, como que me llamo Gumersindo que el año que viene veraneáis en la piscina municipal.
Impresentables, que sois unos impresentables.
Y, sin embargo, os quiero... (ver lo más lejos de aquí en el menor tiempo posible).
Imagen: Media.Tumblr

miércoles 1 de julio de 2009

El Gran Secreto del Kung-Fú

video
El venerable maestro quiso comprobar el grado de sabiduría alcanzado por su joven discípulo y una tibia mañana de finales de primavera le preguntó:
-Dime, pequeño saltamontes, ¿cuál es el Gran Secreto del Kung-Fú que hace de nosotros, los monjes shaolines, seres verdaderamente invencibles?
El discípulo, que no había pasado una noche del todo apacible pensando en vete tú a saber qué cosas y que tampoco esperaba un examen sorpresa, se rascó el cogote dos o tres veces, aclarándose la garganta antes de contestar con aire supersolemne:
-¡La técnica!
-¡Nooop!- replicó el maestro.
-¡Los numeritos del tigre, la serpiente, el oso panda, el oso hormiguero, el mono borracho, el mono fumao...!
-¡Noooop!- y el maestro le arreó un bastonazo justo donde antes se había estado rascando (¡qué puntería, tío!).
-¿La fuerza?- entre dubitativos y furiosos sollozos mal reprimidos.
-Nooop, nooop y requetenooop.
El discípulo se arrodilló, suplicando:
-¡Por favor, oh Gran Maestro de la Orden Supersecreta de los Ratones Coloraos, dime cuál es el Gran Secreto del Kung-Fú que hace de nosotros, los monjes shaolines, seres verdaderamente invencibles!
-¡La velocidad!- sentenció el maestro en apenas una milésima de segundo.
-¿La..., la velocidad?- preguntó el discípulo sin dar mucho crédito a sus propios oídos.
-Sí, pequeño saltamontes,- y el maestro hablaba ahora con inesperada ternura- la velocidad. Te explico, tranqui, tronco. Si te encuentras con una pelea, aléjate de ella lo más rápido que te permitan tus piernas. Corre, Forrest, ejem, corre, pequeño saltamontes, corre como el viento fétido de las riberas del Valle del Río Anaranjado. Recuerda siempre que jamás podrás perder una pelea en la que no hayas tomado arte (marcial) ni parte.
Y el discípulo sonrío con una complacencia que le llegaba de oreja a oreja. Un ruiseñor cantó, flotaba en el aire el perfume de unas flores que ahora no me acuerdo cómo se llaman y, ¡coño!, se puso a llover. Pero el maestro fue más rápido que aquel chaparrón verdaderamente monzónico. Para cuando la primera gota aterrizó sobre el suelo, él ya estaba tranquilo y completamente seco meditando dentro del templo. En cambio, el pequeño saltamontes se puso como una sopa de tallarines. Aún le quedaban largos años de humildad, paciencia y, sobre todo, entrenamiento.